Su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarlo. – Mateo 2:2

Este domingo, la iglesia cristiana celebra la fiesta de la Epifanía, palabra que en griego significa aparición, manifestación. Para los cristianos, la Epifanía se refiere a la manifestación o revelación al mundo gentil, del Dios hecho hombre. Esto es causa de alegría y gratitud, porque Jesucristo se ha revelado también a nosotros, los no judíos, como nuestro Salvador.

Probablemente, los sabios de Oriente (los Reyes Magos) fueran sacerdotes astrólogos del antiguo Imperio Persa. Su visita a Jesús tiene ciertos paralelos que podemos comparar con la visita de los pastores, a pesar que los dos grupos no podrían ser más diferentes: los pastores eran incultos, mientras que los magos eran sabios; los pastores eran judíos, mientras que los magos eran gentiles; los pastores eran pobres, mientras que los magos eran ricos (a juzgar por los regalos que llevaron).

Sin embargo, y a pesar de todas esas diferencias que normalmente separan a las personas, estuvieron unidos en su adoración al Niño Jesús, anticipando así a los millones quienes, a través de los siglos, le han adorado y le siguen adorando.

Ese es el poder del Hijo de Dios que sobrepasa toda barrera y que, como si fuera un imán, atrae a personas de toda raza, cultura y posición social.

Demos gracias a Dios por su buena voluntad para con los hombres, y asumamos con alegría el compromiso de compartir el evangelio por todo el mundo. Demos gracias a Dios por habérsenos revelado a cada uno de nosotros, y pidámosle fervorosamente por todos los que aún siguen en la oscuridad.

ORACIÓN: Señor, ilumina con tu luz a quienes aún no te conocen. Haz que la estrella de tu salvación les guíe hacia el Redentor. Amén.

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