¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos! – Romanos 11:33

 
 

Cada vez nos preocupamos más por nuestra apariencia. De hecho, la apariencia es tan importante, que se han realizado y publicado estudios sobre cuál es la mejor manera de comportarse, de vestirse y de hablar, de acuerdo al ambiente en que nos encontremos y a las  situaciones que vivimos. Todo eso no es más que para mantener una buena imagen y aparentar seguridad, seriedad, y bondad, y así conquistar nuestros objetivos.

 

Pero a pesar de que la sociedad nos dice que la imagen que presentamos es lo más importante de todo, sabemos que,  cuando se trata de nuestra relación con Dios, las cosas son diferentes. ¿Por qué? Porque por más que aparentemos tener una buena imagen, no hay nada que podamos esconder de Dios. Dios sabe y ve todo. Después de todo, él fue quien nos creó. Él conoce todas las cosas, aun las más ocultas para nosotros.

 

ORACIÓN: Querido Dios, te agradezco porque, a pesar de conocer mis debilidades y fallas, no me rechazas. Gracias por enviar a Jesús a rescatarme. Amén.

 

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