Pero Dios muestra su amor por nosotros en que, cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. – Romanos 5:8

El dolor que nos causa la tristeza es muy grande. El sufrimiento se encierra dentro de nuestro pecho y cierra la puerta con siete llaves. Así nos sentimos cuando estamos de luto, o cuando sufrimos cualquier pérdida grande. Tenemos la sensación como que nadie más conseguirá derrumbar las puertas de nuestro corazón para entrar con un poco de alegría.

Cristo es el único que puede derrumbar las cerraduras colocadas por la tristeza en nuestro corazón, porque él experimentó el dolor extremo en su lucha para rescatar a todos los pecadores. No hay nada que pueda separar el amor de Dios de aquéllos que aceptan por fe el regalo de Cristo.

Por peor que nos parezca la desgracia que nos toca vivir, tenemos el consuelo de que nuestro amigo Jesús pasó por cosas mucho peores. Él soportó todo únicamente por nuestra causa, para conquistar la muerte y darnos la vida eterna.

ORACIÓN: Señor Dios, hazme creer en Jesucristo como mi Salvador. Necesito de tu perdón para poder vivir en paz y feliz. Amén.

 

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