Pero si se niegan, estarán pecando contra el Señor. Y pueden estar seguros de que no escaparán de su pecado. – Números 32:23

 

Lutz Buergi suena a nombre de un gran conductor de autos. Casi podemos escuchar al anunciador diciendo: “Y en el punto de partida tenemos, manejando un Mercedes Benz 890, a Lutz Buergi.”

 

Sin embargo, no es así. Un día este buen hombre estaba en una zona vacía de estacionamiento en la ciudad de Berna, Suiza. Lo único que había en ese inmenso estacionamiento era un simple poste de luz.

 

Sorprendentemente, de alguna forma Lutz logró evitar todo el espacio vacío que había, y en forma directa y precisa chocó su automóvil contra ese único poste. Fue como si el poste y el auto hubieran estado magnetizados y se hubieran atraído el uno al otro.

 

Se me ocurre que la mayoría de las personas con frecuencia hacemos lo mismo: aun cuando tenemos la posibilidad de hacer lo correcto, lo que agrada a Dios, escogemos hacer lo opuesto, incluso cuando sería más fácil hacer el bien.

 

Si alguien necesita prueba de este hecho, todo lo que necesita hacer es ver el desastre nuclear de Chernóbil. Quienes estaban a cargo aquél día de la planta nuclear, ignoraron seis diferentes advertencias de las computadoras que podrían haber evitado el desastre nuclear.

 

En una escala mucho menor, es sabido cuánto esfuerzo ponen algunos estudiantes en prepararse para copiar en los exámenes… esfuerzo que sería más que suficiente para aprobar el examen si se dedicaran a estudiar.

 

Somos pecadores y, tal como dice el texto de hoy: “no escaparán de su pecado”.

Es por ello que necesitamos a Jesús, el Salvador.

 

Jesús vino para salvarnos del pecado, la muerte y el diablo, pero también vino para salvarnos de nosotros mismos. Jesús entregó su vida para que nuestras vidas sean perdonadas y podamos ser el pueblo especial, salvado y obediente de Dios.

 

ORACIÓN: Señor Jesús, cada día peco… por lo que ruego tu perdón, y te pido que envíes tu Espíritu Santo a transformarme, a crear en mí un corazón limpio, nuevo y cambiado que se refleje en mis decisiones, acciones y palabras. En tu nombre. Amén.

 

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